El camino a la perfeccion

Santificación: retener la justificación por toda la vida

La Idoneidad necesaria para entrar al reino

1. Cuando Jesús venga por segunda vez, ¿a quiénes llevará consigo?

Solo habitarán con el los que aborrezcan el pecado (Isaías 33:14-16).

Su iglesia deberá haber hallado la perfección (Efesios 5:27).

Cuando lleguen a ese estado, Jesús vendrá (Apoc 14:14-16; CS 488:2- 489:0).

“”Cuando el fruto fuere producido, luego se mete la hoz, porque la siega es llegada”. Cristo espera con un deseo anhelante la manifestación de sí mismo en su iglesia. Cuando el carácter de Cristo sea perfectamente reproducido en su pueblo, entonces vendrá él para reclamarlos como suyos.” (PVGM 47).

Pero estos habrán sido tenidos por dignos en el juicio.

El juicio comenzó en 1844, y principió con los muertos.

Pronto serán juzgados los vivos (nosotros).

“El profeta dice: “¿Pero quién es capaz de soportar el día de su advenimiento? ¿Y quién podrá estar en pie cuando él apareciere? porque será como el fuego del acrisolador, y como el jabón de los bataneros; pues que se sentará como acrisolador y purificador de la plata; y purificará a los hijos de Leví, y los afinará como el oro y la plata, para que presenten a Jehová ofrenda en justicia.” (Malaquías 3: 2, 3, V.M.) Los que vivan en la tierra cuando cese la intercesión de Cristo en el santuario celestial deberán estar en pie en la presencia del Dios santo sin mediador. Sus vestiduras deberán estar sin mácula; sus caracteres, purificados de todo pecado por la sangre de la aspersión. Por la gracia de Dios y sus propios y diligentes esfuerzos deberán ser vencedores en la lucha con el mal. Mientras se prosigue el juicio investigador en el cielo, mientras que los pecados de los creyentes arrepentidos son quitados del santuario, debe llevarse a cabo una obra especial de purificación, de liberación del pecado, entre el pueblo de Dios en la tierra. Esta obra está presentada con mayor claridad en los mensajes del capítulo 14 del Apocalipsis.” (CS 477-478).

2. ¿Qué condición debo tener cuando mi nombre sea juzgado para ser hallado digno?

Perfección.

Alcanzar un amor perfecto, que se manifiesta no en temor sino en plena confianza (l Juan 4:17-18).

“La multitud de casos registrados en la historia sagrada, en los cuales Dios libró a su pueblo de sus iniquidades, debe hacer sentir al cristiano de esta época el anhelo de recibir instrucción divina y celo para perfeccionar un carácter que soportará la detenida inspección del juicio” (Joyas de los Testimonios, tomo 1, págs. 438, 442, 443).

Ser hallado sin mi propia justicia, sino con la justicia de Cristo (Filipenses 3:7- 10).

Ser hallado sin mancha y sin mentira (2Ped 3:14; Apoc 14:5)

Pues al final del tiempo, el carácter quedará fijado (Apoc 22:10-11)

Solo aquellos que sus pecados no sean encontrados, serán salvos (Jeremías 50:20)

“A todos los que se hayan arrepentido verdaderamente de su pecado, y que hayan aceptado con fe la sangre de Cristo como su sacrificio expiatorio, se les ha inscrito el perdón frente a sus nombres en los libros del cielo; como llegaron a ser partícipes de la justicia de Cristo y su carácter está en armonía con la ley de Dios, sus pecados serán borrados, v ellos mismos serán juzgados dignos de la vida eterna.” (CS 537)

¿Por qué necesitamos la perfección?

Idoneidad.

Para poder disfrutar la vida y la compañía de los seres santos.

Para poder estar en la presencia de Dios (Mateo 5:8; Hebreos 12:14; Mateo 5:48) sin perecer (Éxodo 33:18-20; Habacuc 1:13).

“El hombre, en su estado de inocencia, gozaba de completa comunión con Aquel “en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia” (Colosenses 2: 3.) Más después de su caída, no pudo encontrar gozo en la santidad y procuró ocultarse de la presencia de Dios. Y tal es aún la condición del corazón no renovado. No está en armonía con Dios, ni encuentra gozo en la comunión con él. El pecador no podría ser feliz en la presencia de Dios; le desagradaría la compañía de los seres santos. Y si se le pudiese permitir entrar en el cielo, no hallaría alegría en aquel lugar. El espíritu de amor puro que reina allí donde responde cada corazón al corazón del Amor Infinito, no haría vibrar en su alma cuerda alguna de simpatía. Sus pensamientos, sus intereses, sus móviles, serían distintos de los que mueven a los moradores celestiales. Sería una nota discordante en la melodía del cielo. El cielo sería para él un lugar de tortura. Ansiaría ocultarse de la presencia de Aquel que es su luz y el centro de su gozo. No es un decreto arbitrario de parte de Dios el que excluye del cielo a los malvados: ellos mismos se han cerrado las puertas por su propia ineptitud para aquella compañía. La gloria de Dios sería para ellos mi fuego consumidor. Desearían ser destruidos para esconderse del rostro de Aquel que murió por salvarlos.” (CC 15:2-16:0).

¿Qué es la perfección?

Pureza de Corazón (carácter) (Mateo 5:8).

Santidad del alma: “Por la Palabra y el Espíritu de Dios quedan de manifiesto ante los hombres los grandes principios de justicia encerrados en la ley divina. Y ya que la ley de Dios es santa, justa y buena, un trasunto de la perfección divina resulta que el carácter formado por la obediencia a esa ley será santo. Cristo es ejemplo perfecto de semejante carácter. Él dice: “He guardado los mandamientos de mi Padre.” “Hago siempre las cosas que le agradan.” (S. Juan 15: 10; 8: 29, V.M.) Los discípulos de Cristo han de volverse semejantes a él, es decir, adquirir por la gracia de Dios un carácter conforme a los principios de su santa ley. Esto es lo que la Biblia llama santificación.” (CS 523).

Limpieza del pecado.

En resumen, un carácter como el de Cristo.

“Cuando el pecador encuentra en la conversión la paz con Dios por la sangre expiatoria, la vida cristiana no ha hecho más que empezar. Ahora debe llegar “al estado de hombre perfecto;” crecer “a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo.” El apóstol San Pablo dice: “Una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo al blanco, al premio de la soberana vocación de Dios en Cristo Jesús.” (Filipenses 3: 13, 14.) Y San Pedro nos presenta los peldaños por los cuales se llega a la santificación de que habla la Biblia: “Poniendo de vuestra parte todo empeño, añadid a vuestra fe el poder; y al poder, la ciencia; y a la ciencia, la templanza; y a la templanza, la paciencia; y a la paciencia, la piedad; y a la piedad, fraternidad; y a la fraternidad, amor…. Porque si hacéis estas cosas, no tropezaréis nunca.” (2 Pedro 1:5- 10, V.M.)” (CS 523-524)

4. ¿Cómo alcanzamos la perfección?

Saber que el poder de Dios es mucho más fuerte que el poder del pecado.

NO caer en el engaño de que es imposible vencer: “”El que encubre sus transgresiones, no prosperará; mas el que las confiesa y las abandona, alcanzará misericordia.” (Proverbios 28: 13, V.M.) Si los que esconden y disculpan sus faltas pudiesen ver cómo Satanás se alegra de ello, y los usa para desafiar a Cristo y sus santos ángeles, se apresurarían a confesar sus pecados, y a renunciar a ellos. De los defectos de carácter se vale Satanás para intentar dominar toda la mente, y sabe muy bien que si se conservan estos defectos, lo logrará. De ahí que trate constantemente de engañar a los discípulos de Cristo con su fatal sofisma de que les es imposible vencer. Pero Jesús aboga en su favor con sus manos heridas, su cuerpo quebrantado, y declara a todos los que quieran seguirle: “Bástate mi gracia.” (2 Corintios 12: 9.) “Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga.” (S. Mateo 11: 29, 30.) Nadie considere, pues, sus defectos como incurables. Dios concederá fe y gracia para vencerlos.” (Conflicto de los Siglos, p. 543-544).

O que no se puede alcanzar la perfección: “Nadie diga: No puedo remediar mis defectos de carácter. Si llegáis a esta conclusión, dejaréis ciertamente de obtener la vida eterna. La imposibilidad reside en vuestra propia voluntad. Si no queréis, no podéis vencer. La verdadera dificultad proviene de la corrupción de un corazón no santificado y de la falta de voluntad para someterse al gobierno de Dios” (Mensaje para los Jóvenes, p. 97)

Limpiando el alma de todo pecado.

Creciendo diaria e interrumpidamente en la gracia.

Pasos para crecer en la gracia

1. Al haber sido justificado me he convertido en hijo de Dios “recién nacido” (1 Ped 2:2).

2. “Pero al paso que Dios puede ser justo y sin embargo justificar al pecador por los méritos de Cristo, nadie puede cubrir su alma con el manto de la justicia de Cristo mientras practique pecados conocidos, o descuide deberes conocidos. Dios requiere la entrega completa del corazón antes de que pueda efectuarse la justificación. Y a fin de que el hombre retenga la justificación, debe haber una obediencia continua mediante una fe activa y viviente que obre por el amor y purifique el alma.” (Fe y Obras, p. 103; IMS 429).

3. Ahora debo crecer hasta la estatura de Cristo (Efe 4:15): “Cuando el pecador encuentra en la conversión la paz con Dios por la sangre expiatoria, la vida cristiana no ha hecho más que empezar. Ahora debe llegar “al estado de hombre perfecto;” crecer “a 1a. medida de la estatura de la plenitud de Cristo.” El apóstol San Pablo dice: “Una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo al blanco, al premio de la soberana vocación de Dios en Cristo Jesús.” (Filipenses 3: 13, 14.) (CS 523-524).

4. La Meta: Llegar a la estatura del carácter de Cristo.

5. No se puede crecer por esfuerzo propio, sino recibiendo (Lucas 12:27; CC 67).

6. Nuestra única es respirar esta “atmósfera de gracia”.

7. Otra figura para la atmósfera, es la savia. Para recibir la savia solo debemos “permanecer” (Juan 15:4,5), es decir, recibir la vida.

8. “Nuestro crecimiento en la gracia” “depende de nuestra unión con Cristo” “solamente estando en comunión con él diariamente, a cada hora permaneciendo en él”.

9. La forma de permanecer en él es la misma que paras recibirlo: por la fe. Y como la fe es un regalo, entonces la permanencia en él también lo es.

Conclusión: La santificación es el resultado de retener la justificación a cada momento.

“A fin de comprender correctamente este asunto, debemos recordar que nuestros corazones son por naturaleza depravados, que no podemos por nosotros mismos seguir una conducta correcta. Es únicamente por la gracia de Dios, combinada con el más ferviente esfuerzo de nuestra parte, cómo podemos obtener la victoria.” (CM 530).

“Para poder hacer frente a los requerimientos de la ley, nuestra fe debe aferrarse de la justicia de Cristo, aceptándola como su justicia. Mediante la unión con Cristo, mediante la aceptación de su justicia por la fe, podemos ser hechos idóneos para realizar las obras de Dios, para ser colaboradores con Cristo. Si estáis dispuestos a ser llevados a la deriva con la corriente del mal y a no cooperar con los instrumentos celestiales para restringir la transgresión en vuestras familias y en la iglesia, a fin de que pueda enseñorearse la justicia eterna, no tenéis fe. La fe obra por el amor y purifica el alma. Mediante la fe, el Espíritu Santo obra en el corazón para producir allí la santidad. Pero esto no puede hacerse, a menos que el instrumento humano colabore con Cristo. Sólo podremos ser hechos idóneos para el cielo mediante la obra del Espíritu Santo en el corazón, pues debemos tener la justicia de Cristo como nuestro salvoconducto si hemos de tener acceso al Padre. A fin de que tengamos la justicia de Cristo, necesitamos ser transformados diariamente por la influencia del Espíritu para ser participantes de la naturaleza divina” (1MS 439).

John Garcia

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